Burócratas contra padres: ¿Quién sabe qué es mejor para los niños?

28 may. 2021

Con las tasas de nacimientos y matrimonios en mínimos históricos, y con las dificultades económicas relacionadas con el Covid-19, las políticas de familia han adquirido una renovada urgencia en los Estados Unidos. La solución del presidente Biden –el American Families Plan– ha desatado las críticas de quienes la interpretan como una imposición de una visión de la familia que no es compartida por la mayoría de las personas que más necesitan la ayuda.

Expertos STI

En febrero de 2021, el senador republicano de Utah Mitt Romney propuso la Family Security Act (Ley de seguridad familiar), con el objetivo de mejorar el coste de criar a los hijos y eliminar las llamadas "penalizaciones por matrimonio" de programas como el Earned Income Tax Credit y el Medicare, en los que los padres solteros tienen ventajas sobre los casados. Entonces, el consejo editorial del New York Times publicó una opinión al respecto bajo el título "Mitt Romney tiene un plan, y Joe Biden debería pedirlo prestado". Pero el plan que finalmente presentó Biden ha acabado difiriendo del de Romney, no sólo en los detalles, sino también en la filosofía.

El mismo Romney defendió su plan en otro artículo de opinión en el New York Times titulado "La política familiar no debe penalizar a los progenitores casados y que se quedan en casa". En él, concedió al presidente Biden el acierto en la identificación del problema (que las familias estadounidenses necesitan ayuda), pero calificó su plan como una "solución temporal y partidista".

Para explicar su visión en términos aún más claros, Romney participó el jueves 27 de mayo en una transmisión por Internet de Family Matters, que fue moderada por el experto del STI W. Bradford Wilcox y que se tituló "Dinero o cuidado de los niños. ¿Qué quieren los padres estadounidenses?". El título resultó muy elocuente, porque llegó al núcleo del tema que más irritaba a los opositores al plan de Biden. Éstos afirman que la legislación demócrata sólo vincula la ayuda al cuidado infantil aprobado por el gobierno y basado en un centro de atención a la infancia, ignorando la preferencia mayoritaria por otras formas de cuidar a los niños en edad preescolar.

"Nuestra opinión es que es mejor no dar el dinero a los centros, sino dar el dinero a los padres", explicó el senador. "En lugar de enviar cientos de millones de dólares a centros de atención a la infancia aprobados por el gobierno, nosotros decimos que proporcionaremos esos fondos a las familias y dejaremos que las familias decidan cómo quieren cuidar a sus hijos", continuó. "Los padres saben mejor que nadie lo que es más adecuado así que hay que dar a los padres los recursos para hacer su propia elección".

Esta visión está en marcado contraste con el plan del presidente Biden, que declara abiertamente su preferencia por los padres que trabajan fuera del hogar y pagan por el cuidado infantil. En su hoja informativa, la Casa Blanca ha expresado su compromiso declarado de "proporcionar apoyo directo a los niños y las familias" con la afirmación que "nuestra nación es más fuerte cuando todos tienen la oportunidad de unirse a la fuerza laboral y contribuir a la economía. Pero muchos trabajadores luchan por tener un trabajo de tiempo completo y cuidar de sí mismos y de sus familias".

Sin embargo, esto ignora los datos de una reciente investigación realizada en coautoría por otro de los participantes del seminario web --la profesora asociada del Princeton Theological Seminary, Margarita Mooney Suárez-- que revela que tener trabajos a tiempo completo mientras se cuida a los niños no es la preferencia expresada por la mayoría de los estadounidenses. De hecho, sólo el 18% de los estadounidenses encuestados en la American Compass Home Building Survey (2021) consideró que la mejor opción para la crianza de los hijos son dos padres con un empleo a tiempo completo, teniendo a sus hijos a tiempo completo en guarderías de pago. Una mayoría significativa (75%) prefieren el cuidado en el hogar proporcionado por uno de los progenitores (58%) o un pariente (11%), o que uno de los padres trabaje a tiempo parcial, dedicándose al cuidado infantil de manera remunerada y a tiempo parcial (17%).

A la Administración Biden le preocupa que "desafortunadamente, muchos niños, pero especialmente los niños de color y los niños de bajos ingresos, no tienen acceso a toda la gama de programas preescolares de alta calidad disponibles para sus compañeros más ricos". Sin embargo, sólo las familias acomodadas tienden a preferir esa opción. El 31% de los padres con ingresos anuales superiores a 100.000 dólares citan la atención pagada a tiempo completo como su opción preferida, mientras que sólo la mitad de las familias de ingresos bajos y medios elegirían esa configuración (15% de las personas con ingresos más bajos y 17% con ingresos medios).

Es importante destacar que algunos grupos, como los padres blancos sin educación universitaria y los padres hispanos, se encuentran actualmente en la situación de estar utilizando servicios de cuidado infantil pagado a pesar de su preferencia por no hacerlo. Aunque sólo el 13% del primer grupo y el 14% del segundo prefieren el cuidado infantil de pago, el 30% lo utiliza. Esto contrasta con el deseo y el uso más equilibrado de dicha atención por parte de los padres blancos con educación universitaria: el 30% de ellos prefieren este método y el 38% lo usan.

Es cierto que existen grandes diferencias en las actitudes de los padres hacia el trabajo y la familia. No hay ninguna opción preferida por todos. Sin embargo, hay pruebas sustanciales de que más padres prefieren cierto grado de cuidado en el hogar para sus hijos, especialmente en las cohortes menos educadas y de bajos ingresos. Así que la pregunta pide una explicación: ¿por qué la política pública intenta dirigir a más padres a la fuerza laboral?